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Catholic Action -

Thursday, December 26, 2013

La Ofensiva Del Nuevo Herodes Contra Los Hijos De La Inmaculada

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En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos; éstos ya no están, y no quiere que la consuelen.

La Venida del Señor trae no sólo alegría sino también sufrimiento. Al día de Navidad le sigue la feria de San Esteban, protomártir. Dos días más tarde conmemoramos a los Santos Inocentes asesinados en lugar del Niño Santo. Herodes, usurpador de la autoridad legítima en Judea, se llena de ira cuando oye del posible advenimiento de la autoridad verdadera dentro de sus dominios. No encuentra al Santo para acabar con Él, por lo que desata su furia contra los Santo Inocentes, los pequeños que son incapaces de defenderse. Todos los tiranos ilegítimos terminan estallando de rabia, porque en el fondo saben que su posición es a la postre insostenible.


Durante 50 años una autoridad tirana ha usurpado el gobierno del Cuerpo de Cristo. Esta autoridad no es un solo hombre, papa u obispo. Se llama Modernismo. [1] Se ha instalado en los más altos estamentos de la Iglesia, cuya función es guardar y transmitir el Depósito de Fe. Ha ejercido de manera injusta e ilícita la autoridad más alta en la Iglesia, obrando a través de los que ostentan cargos importantes - no nos corresponde juzgar su grado de culpabilidad en la colaboración con el Modernismo - no para los fines por los que estos cargos fueron creados, sino para inyectar los virus mortíferos de novedad y confusión en el Cuerpo de Cristo. Y sin embargo, a pesar de toda la injusta innovación, el Cuerpo aún tiene un pulso débil. La Tradición no solo sobrevive al ataque vírico, sino que poco a poco crece y atrae nuevas generaciones a la belleza de la Verdadera Fe y la Liturgia.

Los Franciscanos de la Inmaculada (FI) no son y nunca han sido tradicionalistas. No fueron fundados por el Arzobispo Lefebvre y nunca han tenido una relación formal o informal con la Hermandad Sacerdotal San Pío X (HSSPX). Desde su fundación aceptaron y utilizaron el Novus Ordo Missae. No obstante, los FI adoptaron una fiel adherencia a la espiritualidad de San Maximiliano Kolbe. Fidelidad al auténtico espíritu de San Maximiliano debe llevar inevitablemente al conflicto con la tiranía Modernista reinante en la Iglesia.

El Modernismo quiere sintetizarlo todo y negociar una tregua con los enemigos de la Iglesia, especialmente con el espíritu de la Masonería. Recientemente, en un momento de gran claridad, el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, el cardenal más próximo personalmente al Papa Francisco, el elegido para dirigir su Consejo de ocho cardenales, explicó que esta reconciliación con el Modernismo fue central en "el 1789 en la Iglesia", como describió el Concilio Vaticano II el Cardenal Suenens. Dijo Maradiaga:

El Concilio Vaticano II fue el evento principal de la Iglesia en el siglo XX. En principio significó el fin de las hostilidades entre la Iglesia y el Modernismo, condenado por el Concilio Vaticano I. Al contrario: ni el mundo es el reino del mal y del pecado - estas son las conclusiones a las que llega el CVII - ni la Iglesia es el único refugio del bien y de la virtud. El Modernismo fue, la mayor parte de las veces, una reacción contra las injusticias y los abusos contra la dignidad y los derechos de los hombres. [2]

Dado que el Modernismo fue una reacción contra el Magisterio y la praxis tradicionales de la Iglesia, evidentemente el Cardenal debe considerar éstas como "injusticias" y "abusos". Aquí tenemos una evaluación sincera del cardenal más influyente de este pontificado, en la cual deja claro que durante el siglo pasado hubo una lucha entre el Modernismo y la Iglesia pre-CVII, y que con el Concilio triunfó el Modernismo. Los FI no han depuesto sus armas para unirse a esta tregua impía. Como resultado están siendo perseguidos.

El combate de San Maximiliano tiene mucho que ver con este conflicto. Sus esfuerzos se centraron sobre todo en el brazo del Modernismo en la esfera temporal, la Masonería. Los masones se regocijaron por el resultado del CVII, al que declararon abiertamente una victoria para la Masonería. Por ende, un compromiso por el combate de la Inmaculada llevará inevitablemente a una confrontación con el Modernismo. Al entrar en combate antes o después cada uno percibirá qué armas han tenido éxito en esta guerra: la Misa de siempre y la doctrina inmutable de la Iglesia, preservada durante siglos, y oscurecida bajo una nube de ambigüedades con el CVII.  Pero al encontrar la Misa y la doctrina tradicionales, entrará en confrontación con los enemigos internos de la Iglesia.

El obispo Bernard Fellay comentó hace poco que la fidelidad de los FI a San Maximiliano es lo que los ha acercado a los tradicionalistas y lo que los ha enfrentado a las fuerzas que controlan los cargos más altos en la Iglesia. Dijo así:

franciscansEsto es muy interesante, porque San Maximiliano quiso un combate para la Inmaculada, por la Inmaculada, la victoria de Dios sobre los enemigos de Dios - realmente podemos usar este término - en concreto, los masones. Es muy interesante observar esto. Este combate contra el mundo, contra el espíritu del mundo, los acercó a nosotros, casi por naturaleza podríamos decir, porque presentar batalla contra el mundo implica la Cruz en alguna parte. Esto implica los principios eternos de la Iglesia, lo que llamamos el espíritu cristiano. El espíritu cristiano se expresa magníficamente en la Misa antigua, en la Misa Tridentina. De manera que, cuando Benedicto XVI publicó su Motu Proprio, que permitió que la Misa fuera de nuevo ampliamente accesible, esta congregación decidió en su Capítulo (en otras palabras, una decisión de toda la congregación) volver a la Misa antigua, y hacerlo en todos los ámbitos, conscientes de que encontrarían problemas porque tienen parroquias, pero que dichos problemas no serían infranqueables. Un determinado número entre ellos también empezó a hacerse preguntas sobre ciertos aspectos del Concilio.

Como resultado, unos descontentos, un puñado si se tiene en cuenta el número (hay 300 sacerdotes y hermanos en total), quizá una docena protestaron a Roma, diciendo; "están intentando imponernos la Misa antigua, están atacando el Concilio." [3]

Las fuerzas del Modernismo no pueden destruir la Iglesia y la Sagrada Tradición. La promesa de indefectibilidad de Nuestro Señor se lo impide. De la misma manera le fue imposible al usurpador Herodes matar a Nuestro Señor antes de la Hora de su sacrificio redentor. Sin embargo, Herodes sí pudo dar rienda suelta a su ira contra los inocentes, los indefensos, que se encontraban "cerca" del Salvador; es decir, en los alrededores de Belén.

Los FI son en un sentido como los Santos Inocentes. No son tradicionalistas, pero como advierte Monseñor Fellay, se acercan bastante a una defensa coherente e inequívoca de la Tradición. Durante los últimos años se pudo observar que los FI viajaban hacía un "renacer" como una comunidad plenamente tradicionalista. Están potencialmente en una fase temprana de tal transformación; permiten y promueven el uso de la liturgia tradicional, y guardan una mente abierta acerca de cómo encajar el Concilio y todas sus secuelas dentro del combate de la Inmaculada. Pero está claro que aún mantenían el uso del Novus Ordo Missae.

Las fuerzas del Modernismo, incapaces de erradicar la Tradición en la Iglesia y tras fallar lo que en retrospectiva parece haber sido una trampa para la HSSPX con el reconocimiento canónico, intentan destruir la esencia de los FI, a no ser que sea fuente de la derrota última del Modernismo.

Los FI fueron fundados en 1970, curiosamente el mismo año que la fundación de la HSSPX, y han incorporado sacerdotes, hermanas, terciarios, casas de estudio, la publicación y distribución de libros, y otros apostolados laicos. Los FI obtuvieron derecho diocesano en 1990 y Juan Pablo II les elevó a derecho pontificio. Tienen a más de 500 miembros en 6 continentes. Aunque aceptaban el Novus Ordo como norma antes del Summorum Pontificum, los FI se mantuvieron fieles al carisma franciscano expresado por San Maximiliano. A menudo hablan apasionadamente de Nuestra Señora Medianera de todas las Gracias (una doctrina despreciada por el CVII) y su Corredención. Tras Summorum Pontificum los FI deliberaron, y siguiendo las reglas establecidas para la toma de decisiones, con una mayoría abrumadora votaron a favor de promover y facilitar el uso de la Liturgia tradicional, mientras que permitieron que los sacerdotes individuales siguieran ofreciendo el Novus Ordo Missae. Pero esta decisión prudencial y moderada fue demasiado para el Modernismo, y después de la elección del Papa Francisco el Vaticano actuó por las quejas de un puñado de descontentos,- igual que el Vaticano actuó contra la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) en 1999 tras las quejas de un grupito de miembros que querían celebrar la Nueva Misa, y que terminaron por salirse de la FSSP.

Ahora podríamos recordar que durante décadas la jerarquía hizo oídos sordos a las gravísimas acusaciones de abusos homosexuales por parte de sacerdotes contra menores. Los culpables eran protegidos y reasignados a nuevos destinos. El Cardenal Law, quien dio cobijo a criminales durante décadas, no fue depuesto como obispo sino que dimitió voluntariamente para aceptar un puesto goloso en Roma, donde no tendrá que preocuparse por un posible arresto de las autoridades estadounidenses.

La Congregación para la Doctrina de la Fe investigó las órdenes religiosas femeninas en EEUU y descubrió pruebas estremecedoras de heterodoxia, y aunque hubieron algunas conversaciones con el consejo de gobierno, ninguna congregación fue intervenida, ninguna superiora fue depuesta.

No se nombró a ningún Comisario Apostólico para tomar el mando de la Diócesis de Los Ángeles cuando cayó en bancarrota debido a los pagos de compensación a las víctimas de abusos.

Ahora en cambio, unos cuantos sacerdotes de los FI, disgustados por la decisión que tomó toda su congregación con gran consenso, se han quejado de que se sienten presionados para ofrecer la Misa antigua, cuando en realidad tienen libertad para no hacerlo. ¿Y cuál es la reacción del Vaticano? Contraataca con misiles nucleares.

Consideremos las siguientes medidas disciplinares que se han tomado hasta la fecha, que sólo se pueden calificar como una persecución injusta e inmoral.

1) Los superiores electos de los FI, incluyendo el fundador y Superior General, el Padre Stephano Maria Manelli, fueron depuestos de manera fulminante y sustituidos por el comisario nombrado por el Vaticano, el Padre Fidenzio Volpi.

2) Se cuenta que el P. Manelli, de 80 años de edad, está prácticamente bajo arresto domiciliario, y tiene prohibido recibir visitas.

3) En directa contradicción no sólo con la ley natural y divina, sino también con la ley positiva de la Iglesia, expresada en Summorum Pontificum, el P. Volpi ha prohibido que los miembros de los FI ofrezcan la Misa tradicional.

4) Los bienes temporales de los FI han sido incautados por el P. Volpi.

5) El P. Volpi ha clausurado el seminario/casa de estudio hasta nuevo aviso.

6) Los que tienen estudios en curso, si el P. Volpi les permite continuar, serán reasignados a otros centros sin afiliación con los FI. La Casa Mariana, relacionada con la casa de estudios, será cerrada.

7) El P. Volpi ha cancelado las ordenaciones al diaconado y al sacerdocio para este año.

8) Cuando se retomen las ordenaciones todos los candidatos que están actualmente en formación deberán suscribir personalmente una aceptación formal de los siguientes puntos:

  • El Novus Ordo como una auténtica expresión de la tradición litúrgica de la Iglesia y por tanto de la tradición franciscana
  • Los documentos del CVII, de acuerdo a la autoridad que les corresponde según el Magisterio
9) Cualquier candidato que no acepte estas condiciones será inmediatamente expulsado del Instituto.

10) Cada religioso del Instituto deberá expresar claramente y formalmente por escrito su deseo de continuar su itinerario dentro del Instituto de Frailes Franciscanos de la Inmaculada, según el carisma mariano-franciscano, en el espíritu de San Maximiliano M. Kolbe, de acuerdo a las directrices sobre la vida religiosa de los documentos del CVII.

11) El P. Volpi ha suspendido los grupos Misión Inmaculada Mediatrix en Italia, hasta que dichos grupos hagan una declaración formal de adhesión a la nueva autoridad, presumiblemente el P. Volpi.

12) El P. Volpi ha suspendido la Tercera Orden de San Francisco, sin ninguna promesa de reanudación; tan solo una intención de nombrar a tres religiosos responsables, a los que los miembros pueden hacer llegar sus dudas.

13) El P. Volpi ha suspendido la distribución de las publicaciones de Casa Mariana Editrice, que incluyen libros y artículos con una línea moderadamente tradicional respecto a la liturgia, la teología y el CVII. [4]

Esta lista es abrumadora. Cuando curas y obispos posibilitaban el abuso de niños pequeños, ¿se incautaron los bienes de una sola diócesis? A la luz de numerosos informes acerca de la promoción e incluso la exaltación de la homosexualidad en los seminarios, (ver el libro Good Bye Good Men de Michael Rosefor, por ejemplo), ¿cuántos de dichos seminarios fueron clausurados? ¿Se canceló alguna ordenación para asegurarse de que los candidatos no eran pedófilos? ¿Se ha prohibido a Hans Küng o a alguien de su calaña distribuir libros que cuestionan las enseñanzas perennes de la Iglesia, tal y como la Resurrección corporal de Nuestro Señor?

Evidentemente la respuesta a estas preguntas es un NO inequívoco. Y sin embargo, un instituto religioso padece una persecución severa por una mera reverencia a la Tradición Católica.

Cuando con indignación esta persecución injusta fue cuestionada por los medios italianos, el P. Volpi respondió por carta en defensa de sus medidas extremas. ¿Qué crímen invoca para justificarlas? Algunos religiosos anónimos denunciaron "una deriva cripto-lefebvriana y tradicionalista" en la comunidad de los FI, y que el P. Manelli había "eludido un dialogo constructivo" con dichos religiosos anónimos. También hubo una queja ex post facto acerca de alguna resistencia no documentada a la incautación de bienes por parte del dictador-comisario. (Evidentemente, si algo ocurrió después de la intervención, no puede ser una razón a favor de la intervención).

¡Y ya está! Los únicos crímenes en la Iglesia que suscitan medidas penales severas hoy en día son el "cripto-lefebvrianismo" (¿y eso qué quiere decir?), una "deriva tradicionalista", y negarse a mantener un "dialogo constructivo" con inferiores que se quejan de las decisiones legítimas de su congregación. La ley penal de la Iglesia en los últimos 50 años se ha reducido a efectos prácticos a: "No Serás Ni Remotamente Tradicionalista". Podrás abusar de niños, predicar y enseñar herejías, encubrir crímenes; serás ascendido y siempre serás un cura de buena fama. Pero si te atreves a adquirir una "deriva tradicionalista", estás acabado. Es tanta locura que parece irreal, pero es real - una persecución real de los inocentes por parte de las autoridades de la Iglesia, que afirman que actúan en consonancia total con la "máxima autoridad", el Papa Francisco.

Es interesante notar que las actuaciones del P. Volpi son exactamente las que el Arzobispo Lefebvre predijo que ocurrirían, si firmaba el acuerdo que le ofrecía el Papa Pablo VI en 1974, a cambio de entregar toda la HSSPX, su seminario en Econe y sus prioratos por todo el mundo, a un comisario nombrado por el Papa. El Arzobispo rechazó el acuerdo porque creía que cerrarían el seminario, que obligarían a los seminaristas a ingresar en seminarios que iban con la nueva orientación, que la Misa sería suprimida, y que los fieles que dependían de la HSSPX serían abandonados.

Una vez más la clarividencia del Arzobispo ha sido confirmada. Lo que ha ocurrido a los FI ahora hubiera ocurrido a la HSSPX en 1974, si el Arzobispo hubiera sucumbido. ¿Dónde estaría hoy la Misa Tradicional si eso hubiera pasado? Lo más probable es que no hubiera habido ningún Indulto en 1984, ni en 1988, ningún Summorum Pontificum, ningún FSSP (ya que no hubiera existido la HSSPX de la cual se escindieron), etc.

¿Qué deben hacer los FI? Lo que debe hacer cualquiera que sufre una persecución injusta, especialmente cuando lo requiere el honor divino o la salvación del alma, propia o ajena; negarse respetuosamente a obedecer órdenes injustas e inmorales. Todos los FI deben rehusar la demanda de hacer este juramento disparatado de adhesión a la Misa Nueva y al CVII. ¿Acaso le han obligado a Hans Küng jurar fidelidad a Trento o al Concilio Vaticano I, sopena de perder sus facultades? ¡Nunca! A ningún católico se le puede exigir un juramento al CVII y la Nueva Misa para obtener su salvación. De ser así cada santo antes de estas anomalías estaría condenado. Los FI deben continuar con su trabajo, que ha sido aprobado por Juan Pablo II nada menos. Los FI son una congregación aprobada por la Iglesia, y el golpe que han sufrido es injusto e ilegal, dado que no han cometido ningún delito. Que continúen el combate de la Inmaculada, que ofrezcan la Misa antigua, apoyándose en la autoridad del Papa Benedicto XVI en Summorum Pontificum, cuando afirma:

En las misas celebradas sin pueblo, cada sacerdote católico del rito latino, sea seglar o regular, puede usar el Misal Romano publicado por el Beato Juan XXIII en 1962 ... Las comunidades de institutos de vida religiosa y sociedades de vida apostólica, de derecho pontificio o diocesano, que deseen celebrar la Misa de acuerdo a la edición del Misal Romano promulgado en 1962, para celebración conventual o en comunidad, pueden hacerlo. Si una comunidad individual o todo un instituto o sociedad desea realizar tales celebraciones a menudo o de forma permanente, la decisión la deben tomar los superiores, de acuerdo a la ley y respetando sus estatutos y decretos específicos. (Artículo 3)

Aunque los FI hubieran decidido pasarse a la Misa Tradicional de forma permanente, hubieran tenido derecho de hacerlo, si la decisión la hubieran tomado sus superiores de acuerdo a su ley de gobierno interno, que fue el caso. Pero sólo decidieron facilitar y promover la Misa Tradicional, sin adoptarla de forma permanente.

Los FI no han cometido ninguna ofensa que justifique una terminación de sus estudios religiosos y formación. Son un instituto aprobado por la autoridad más alta de la Iglesia, y una vez que se da esta aprobación sólo se puede retirar por una causa justa. Ser un "cripto-lefebvriano" o tener una "deriva tradicionalista" suena a inventar cargos de la nada, una técnica digna de regímenes totalitarios que dominaron el siglo pasado. Todas las penas son nulas según la ley, la natural, la divina y hasta la eclesiástica. Santo Tomás, citando a San Agustín, nos recuerda que una ley injusta no es siquiera una ley, sino un acto de violencia. Que continúen sus estudios de formación como lo han hecho siempre. Lo que el año pasado era perfectamente legal, hoy también debe serlo.

Quizá el P. Volpi se llevará para siempre los bienes temporales de los FI, pero quizá esto es un sacrificio que requiere la Inmaculada de sus hijos en prueba de su fidelidad en el combate contra la Masonería y el Modernismo. ¡No olvidemos que son franciscanos! Deben estar dispuestos a renunciar a la propiedad y confiar en la generosidad de los fieles para apoyarlos en su combate, pero no deben cesar en el combate. Hay que preguntarse si una de las madres de los Santos Inocentes hubiera pecado por esquivar la orden injusta de Herodes y haber sacado a su hijo de Belén. ¿Hubiera sido culpable de desobediencia? Es evidente que no, puesto que no tenía obligación de colaborar con su orden injusta. Los grupos tradicionalistas, asociaciones y católicos de a pie tenemos un deber de acudir en ayuda de los FI. Si se muestran dispuestos a seguir en el combate de la Inmaculada usando las armas invencibles del pasado, tenemos el deber de ayudarlos en sus necesidades temporales. Si los FI se plantan en defensa de la Inmaculada y la Misa de siempre, debemos estar prestos para acudir en su ayuda, cada uno según sus posibilidades.

Puede ser que esta persecución de los FI sea una señal de la gran batalla final, una gran ofensiva del Modernismo contra la Iglesia desde dentro. Sor Lucía nos advirtió hace décadas que el Demonio ansiaba una batalla decisiva contra las fuerzas de la Inmaculada. También avirtió que los hombres y mujeres religiosos estarían en el centro de dicha batalla. Quizá este pontificado macará la fase más dura de esta batalla final por el alma de la Iglesia. De ser así tenemos que estar dispuestos a sacrificarlo todo por la Inmaculada, su Divino Hijo y Su Cuerpo Místico.

Las palabras de Winston Churchill a la isla asediada de Gran Bretaña en 1940 pueden servir como analogía a la situación de la Iglesia en estos momentos. Que los miembros de los FI y todos los que estamos en la causa de la Tradición prestemos nuestros oídos a estas palabras que provienen, no de un primer ministro, sino de la Inmaculada misma:

Cada hombre y mujer debe prepararse para cumplir con su deber, sea lo que sea, con especial esmero y cuidado. Nuestras flotas son muy numerosas y poderosas; nuestras fuerzas aireas están más fuertes que nunca, y son conscientes de su superioridad, no en número sino en hombres y máquinas. Nuestras costas están bien fortificadas, y tras ellas, dispuesto a atacar a los invasores, tenemos un ejército mejor armado y con mayor mobilidad de lo que jamás hemos tenido. Aparte de esto, tenemos a más de un millón y medio de hombres de la Guardia Doméstica, que son tan soldados como los del Ejército Regular, y tienen la determinación de luchar por cada pulgada de terreno en cada pueblo y en cada calle. Es con una firme y devota convicción que digo: ¡que Dios defienda a los justos!

¡Que los Santos Inocentes intercedan por los perseguidos FI en estos tiempos de Navidad!



NOTAS

[1] Cuando hablo de "usurpación" no quiero decir que los que ostentan los cargos más altos en la Iglesia no los ostentan válidamente, sino que ha habido una usurpación en ellos del espíritu cristiano por el espíritu del Modernismo.

[2] Para el texto de esta declaración, ver: http://www.miamiarch.org/ip.asp?op=Article_13102810144642

[3] http://www.dici.org/en/documents/interview-with-bishop-bernard-fellay-menzingen-november-2013/

[4] Esta lista ha sido recopilada gracias a declaraciones y comentarios disponibles en: http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/08/on-franciscans-of-immaculate.html

Last modified on Saturday, December 28, 2013
Brian McCall | Remnant Columnist

 Brian M. McCall holds the Orpha and Maurice Merrill Endowed Professorship in
Law
at the University of Oklahoma College of Law. A Professor of Law, he received his B.A. from Yale University, Summa Cum Laude, Phi Beta Kappa, 1991He also received his M.A. from Kings College University of London, Fulbright Scholar, 1992 and his J.D. from the University of Pennsylvania, Summa Cum Laude, Order of the Coif, 1997.  Brian has been a regular contributor to The Remnant since 2004 and his most recent book, The Church and the Usurers, was published in 2012. Along with his wife and six young children, he lives in Oklahoma.